La verdad es una, nuestra forma de verla no

macro-1237308_640La verdad es una, este es un hecho tan cierto como que cada día sale el sol (al menos de momento!).  Y si esto es así de simple…¿por qué hay tantos puntos de vista diferentes?

Según mi opinión hay varios factores que alimentan esa acción, pero el principal es que cada uno de nosotros se cree poseedor de la verdad y no solo de una verdad a medias, no, no…de la verdad absoluta  (vuelve a visitarnos nuestro amigo el ego, que está muy visto…pero no deja de ser real)

Os pondré un ejemplo de cómo lo veo yo:

Imaginad una botella gigante en medio de una sala, en la que dentro se haya metido un objeto cualquiera (da lo mismo, cualquiera nos vale).  Imaginad un sinfín de observadores que miran la botella desde ángulos distintos.  Según la posición la distorsión del vidrio será distinta y variará el contenido, el color que nuestros ojos perciban de la botella, también variará el contenido, y así podríamos ver diferencias hasta cansarnos.  El resultado será que cada uno de los observadores observará un objeto completamente diferente de su vecino y además querrá tener razón y convencer a quien sea que eso que ve es lo real.

Lo cierto es que sin datos adicionales como pueden ser el grosor del vidrio, la intensidad de la luz, el ángulo de observación, la refracción del cristal, su longitud de onda y muchas medidas más, no se podría hacer una observación completamente precisa de lo que alberga la botella en cuestión.

Es lógico ¿no? Hasta aquí todos lo entendemos.

Pues malas noticias, porque observar y opinar con un mínimo de datos es nuestra especialidad.  El siguiente paso a esta observación bajo mínimos es la crítica y el enjuiciamiento.  Y el resultado de todo ese berenjenal de información poco contrastada es…nuestra verdad absoluta.

Señores (y señoras)…las cosas nunca son lo que parecen, nunca.  Siempre hay una historia detrás, que si nos molestáramos en conocer, haría cambiar nuestra forma de ver las cosas y entender que cada uno tiene su forma de hacer.  Y eso es lo que realmente debemos asumir, aceptar al otro como es…no como nosotros queremos que sea.

Os dejo una gran historia que explica muy gráficamente mi planteamiento de hoy.  Espero que os guste.

Un abrazo,

Diana Llapart

Grupo AMTH

www.amth.org

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Un jinete vio que un escorpión venenoso se introducía por la garganta de un hombre que dormía tumbado en el camino. El jinete bajó de su cabalgadura y con el látigo despertó al hombre dormido a la vez que le obligaba a comer unos excrementos que había en el suelo. Mientras, el hombre chillaba de dolor y asco:

“¿Por qué me haces esto?” “¿Qué te he hecho yo?”

El jinete continuaba azotándolo y obligándole a comer los excrementos. Instantes después, aquel hombre vomitó arrojando el contenido del estómago con el escorpión incluido. Comprendiendo lo sucedido agradeció al jinete el haberle salvado la vida, y después de besarle la mano, insistió repetidamente en entregarle su humilde sortija como muestra de gratitud, al despedirse preguntó:

“Pero, ¿por qué sencillamente no me despertaste? ¿por qué razón tuviste que usar el látigo?”

“Había que actuar rápidamente” -respondió el jinete-

“Si sólo te hubiese despertado, no me habrías creído, te habrías paralizado por el miedo, o habrías escapado. Además, de modo alguno, hubiese tomado los excrementos, y el dolor de los azotes provocaba que te convulsionases, evitando que el escorpión te picara”.

Dicho lo cual, partió al galope hacia su destino.

No lejos de allí, dos hombres de una aldea vecina habían sido testigos del episodio, cuando regresaron juntos a sus paisanos, narraron lo siguiente:

“Amigos, hemos sido testigos de unos hechos muy tristes que revelan la maldad de algunos hombres. Un pobre labrador dormía plácidamente la siesta a la vera de un camino, cuando un orgulloso jinete entendió que obstaculizaba su paso, se bajó de su caballo y con el látigo comenzó a azotarlo por tan mínima falta. No contento con eso, le obligó a comer excrementos hasta vomitar, le exigió que le besara la mano y además le robó una sortija. Pero no os preocupéis, a la vuelta de un recodo hemos esperado al arrogante jinete y le hemos propinado una buena paliza por su deplorable acción”.

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