Un “tonto listo”

book-2869_640Una vez leí en algún lugar…“Dios nos libre de un tonto que se crea listo” 

El problema de esta frase no es que la persona sea tonta en sí, ya que si tan solo fuera ese el tema tendría fácil solución.  Todos nacemos tontos y nos desarrollamos tontos, la diferencia es que somos conscientes de ello y hacemos algo al respecto: aprender.

Un tonto-listo o un listo-tonto, no hace este proceso simplemente porque cree que ya sabe suficiente, así que no se para a escuchar y jamás se detiene en ese punto maravilloso en el que uno se da cuenta que no tiene la razón, el punto de arranque del nuevo aprendizaje: desaprender para aprender de nuevo con coherencia y perspectiva.

La mente de este tipo de personas está tan llena (o tan vacía) de unas ideas innamovibles como el cuento zen de la taza de té, con el problema adicional que tan solo existe una verdad, la suya.

Hay una teoría  en el mundo de las energías y en el de reiki en particular que habla sobre el sentido en el que giran nuestros chakras, si lo hacen de la manera correcta, desde el mundo hacia nosotros, la energía e información recibida nos aporta una visión completa de la realidad y de lo que esta pasando a nuestro alrededor.  Nos enriquece de sabiduría, aprendizaje, tolerancia y humanidad; es entonces cuando se dice que el mundo y el universo está en nosotros. Todos somos uno.

Sin embargo si el chakra gira en sentido contrario, desde nuestro cuerpo hacia el mundo, estamos imponiendo nuestra propia verdad, no la realidad y en este punto el aprendizaje es nulo; es entonces cuando se dice que nosotros somos el mundo. Yo soy.

Y desde luego creer que el mundo se mueve a nuestro son, con nuestra única verdad es propio de un tonto que se cree muy listo.

No se me ha ocurrido una historia mejor que la que viene a continuación, aunque corta, profundamente instructiva.

Un abrazo enorme a todos,

Diana Llapart

http://amth.org/

http://reiki-barcelona.cat/

Después de haber saqueado una ciudad, un hombre estaba tratando de vender una valiosa alfombra que era parte del botín:

“¿Quién me da cien piezas de oro por esta alfombra?”, gritaba el hombre por las calles del pueblo.

Habiendo realizado la venta, se le aproximó al vendedor un compinche del saqueo y le preguntó:

“¿Porqué no pediste más por esa alfombra de incalculable valor?”

El individuo le respondió:

“¿Pero es que existe un número mayor que cien?”

 

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