¿Cómo te enfrentas tú a los problemas?

78481458-200x300Al tener un problema podemos hacer dos cosas muy distintas, aunque ambas palabras comiencen de la misma forma: reaccionar o responder.  La diferencia reside en que en el primer caso, como la misma palabra demuestra, reaccionamos; en la segunda, pensamos y respondemos ante el problema, agresión o cuestión.  La reacción lleva implícita muchos más factores que el simple hecho de no pensar, lo aderezamos con inseguridad, miedo, ira, en ocasiones violencia y le añadimos unas gotas de abuso de poder (o miedo de pérdida de poder si fuera el caso).  La buena noticia es que TODOS lo hacemos cuando reaccionamos, es una defensa natural de nuestro cerebro para preservar el cuerpo físico, tanto si nos gusta como si no, los genes del hombre de la edad de piedra los llevamos de serie.

¿Qué ocurre cuando respondemos? Aaaaamigos, la cosa cambia!  Entra en funcionamiento años de evolución: pensamos.

Y pensar nos permite aplacar absolutamente la respuesta violenta de la amígdala que hace de las suyas, equilibramos una respuesta absolutamente emocional con un equilibrio racional que nos explica el por qué están sucediendo las cosas.

Pensar nos da la capacidad de la resolución de cualquier tipo de problema, nos vuelve creativos ante la crisis, nos vuelve imaginativos y resolutivos.  Al hacerlo no sólo aumenta nuestra autoestima y felicidad, si no que caminamos hacia un mundo más evolucionado donde la violencia y la ira están absolutamente erradicadas.  Y entonces es cuando el amor real lo llena todo, y las cosas funcionan en todos los ámbitos.

Desafortunadamente, y es una frase que repito a menudo, se nos ha olvidado pensar.  Estamos tan “subjetivizados” (perdón por inventarme la palabra, pero ¡debería aparecer en el diccionario!) por todas las noticias con las que somos bombardeados, que permitimos que otros piensen por nosotros y no vemos ni el problema real ni cómo solucionarlo.

Os propongo en esta historia algo sencillo: en primer lugar observad, en segundo pensad cómo resolver y en tercero resolvedlo de tal manera que además aportéis vuestra esencia.

Este y no otro, es el camino del éxito.

Os dejo un cuento maravilloso, ideal para pensar y pensar bien, de la web de Eugenio García (los cuentos que yo cuento).

Un abrazo y como siempre, gracias por leer,
Diana Llapart
http://www.amth.es
http://www.reikibarcelona.org

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y de cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo.

Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego.

En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir. Sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo:
– “Querida, ¿qué ves?”

– “Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija preguntó:

– “¿Qué significa esto, padre?”

Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había puesto débil, fácil de deshacer.

El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.

– “¿Cuál eres tú, hija?. Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?”, le preguntó a su hija.

– “¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?”

– “¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero… ¿eres amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecido?”

– “¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.”

– “Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas en forma positiva, sin dejarte vencer, y haces que las cosas a tu alrededor mejoren… Que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumina tu camino y el de la gente que te rodea. Esparces con tu fuerza y positivismo el dulce aroma del café”.

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