Cuestión de tornillos

screw-200x300Soy maestra de reiki y antes de eso era coacher y antes de eso era decoradora y antes de eso era secretaria y entre medio de todo eso también he sido y soy, escritora…El caso es que todas estas facetas de mi vida están unidas a un mismo objetivo común: ayudar a los demás.

Con el tiempo he aprendido a que ayudar al otro es todo un arte.  La ayuda debe tener la dosis justa de liderazgo, contención, escucha, paciencia y una pizca de “dos pasos atrás”.

¿Por qué? Sencillo, si no se hace así la ayuda se convierte en una desayuda.  El sujeto en cuestión pasa de tener en su mano la solución a todo lo que pueda acontecerle, a depender de su mentor, tutor, maestro o padres.  ¿Me seguís?

Los libros de filosofía explican los diferentes criterios de la verdad, entre ellos destaca uno que muy a menudo se utiliza en estos días tan “energéticamente divinos”: el criterio de la autoridad.  ¿Sabéis en qué consiste?  Os lo explico rápido.

El criterio de la autoridad consiste en creerse lo que un experto en un tema o varios expone.  No porque sea verdad o no, si no porque en otros ámbitos o en este, se ha demostrado que tiene razón.  Como tiene una gran credibilidad, creemos todo lo que dice.

Esto ocurre normalmente con los líderes y ya no os cuento con los líderes espirituales: todo lo que cuentan o dicen debe ser verdad, porque tienen facilidad de palabra, porque nos hacen sentir bien o porque supuestamente responden a todas las preguntas formuladas con más o menos acierto.  Si además es buena persona y hace de su vida un ejemplo de lo que predica, genial ¿no? ¿Por qué no seguirle?¿Por qué no hacerle caso?

Pues se me ocurre una respuesta fantástica: porque dejamos de tener un criterio propio, dejamos de pensar por nosotros mismos, dejamos de ser curiosos y de cuestionarnos cosas y sobre todo, porque permitimos que otro (aunque sea el santo del siglo) piense, haga y cuestione por nosotros y lo que es más importante, dejamos de encontrar soluciones a nuestros problemas por nosotros mismos.  Y eso no está bien. Es una hipoteca a nuestra felicidad.

Buda (creo que si hubiera coincidido con él en otra vida hubiéramos congeniado muy bien) dijo: “No hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino” y para apoyar esta frase tan bonita añadió que no existe ningún dios, ya que cada uno de nosotros somos dioses en estado puro, porque en cada uno de nosotros hay una chispa del origen del universo.  De forma que no se debe adorar a ningún dios, ni siquiera a él mismo, ya que dicho dios está dentro de nosotros y es al único que deberíamos adorar.

¿Sabéis qué pasó después de esas palabras? Os lo diré con dos palabras de búsqueda para san google: imágenes+buda.  ¿Cuántas habéis encontrado? ¡Creo que hay altares de buda hasta el País de Nunca Jamás!

Si Siddharta Gautama levantara la cabeza ¡le daría un patatús!

Todos somos pequeños budas que buscamos la felicidad.  Lo que nos diferencia a unos de otros, es que algunos ya estamos (o creemos estar) en dicho camino y tenemos la posibilidad de poder guiar a otros que están en sendas lejanas o paralelas porque se han confundido de trayecto.  Pero eso no quiere decir que tengamos la verdad absoluta ni que no se nos pueda discutir nada, al contrario, ¡estamos deseando aprender!

Tengo un amigo que hace años, al comenzar en el mundo del reiki, me dijo: en realidad no haces mucho, tan solo escuchas, observas y después sacas esa linternita mágica que tienes y señalas otro camino que por los motivos que sean no han visto y les dices “¿has probado por aquí?”

Adoro esta descripción de lo que hago día a día, porque ESO es exactamente lo que hago: dar otra visión a la que las personas que vienen a verme tienen.  ¿Y sabéis qué? Funciona.

Pero el mérito no es mío, funciona porque les hago pensar y que realicen cambios en su realidad para que ésta cambie delante de sus ojos…y vaya si cambia.

A veces me dicen que tengo todas las respuestas a las dudas que pueden plantearme y yo tan solo les contesto que eso no es así, la diferencia es que les llevo diez años de ventaja en cuanto a conocimiento y curiosidad. Pero me sigo equivocando, mucho, y entonces aprendo.

Pensar, cotejar, comparar, preguntar, cuestionar y obtener tu propia verdad con un criterio de una realidad contrastada.  En eso consiste despertar.

Y yo, creedme, tan solo despierto a gente que está un poquito amodorrada encendiendo una linternita y dando un paso atrás para vuelen con sus alas fuertes y renovadas, alas que jamás construiré yo.  Por ello nunca seré una líder y muchísimo menos una líder espiritual.  El día que ocurra eso y huela una poco de idolatría a mi alrededor, dejaré de dedicarme a esto.

No lidero a nadie, aprieto tornillos.

La siguiente historia es fruto de una conversación que hace años tuve con un amigo.  Posiblemente la haré formar parte de mi libro “las historias de Ojiisan”, espero que os guste.

Gracias por leer, un abrazo,

Diana Llapart

http://www.amth.es

http://www.reikibarcelona.org

Había una vez una gran máquina en una rotatoria de un periódico que funcionaba la mar de bien, era el orgullo de la empresa.  Cada día imprimía cientos de periódicos sin dar ningún problema.  Los técnicos encargados del mantenimiento se cercioraban cada día que el proceso fuera el correcto y que tuviera los niveles de ajustes, tinte y engrases adecuados para que todo marchara bien.

Un buen día la máquina dejó de funcionar.

-Llamad a los técnicos- gritó el gran jefe

Y llegaron los técnicos y se dispusieron a mirar minuciosamente cada parte de la máquina.

-Se ha de cambiar la pieza A- dijo uno

Y la pieza se cambió y la máquina seguía sin funcionar.

-Se ha de cambiar la pieza B –dijo otro-Y las ruedas de impresión- dijo un tercero.

Después de facturas carísimas de reparación, la máquina seguía sin funcionar.

-Ya estoy harto- dijo el gran jefe- ¿hay algún experto externo a esta empresa que conozca el funcionamiento de esta máquina?

-Yo conozco a uno –dijo el encargado de servicios de limpieza- mi amigo Eusebio. No es un experto, ni un ingeniero pero es un gran observador, escucha a las máquinas y seguro que será capaz de arreglarlo.

-Pues traedlo cueste lo que cueste- dijo desesperado el gran jefe.

Y llamaron a Eusebio.

Éste entró pausadamente y lo primero que pidió fue que dejaran la máquina como estaba de origen, justo antes de estropearse.

Después observó cada recorrido de cada pieza y cómo unas con otras creaban circuitos y se comunicaban entre ellas.  Así estuvo un buen rato hasta que dijo.

-¡Ajá te encontré!- y pausadamente encendió una pequeña linterna, enfocó una pieza y dio una vuelta de tuerca a un tornillo. Encendió la máquina…y ésta comenzó a funcionar.

A continuación pasó su minuta al jefe de la empresa, que sorprendido le contestó:

-¿cómo se atreve a cobrarme este importe si tan solo ha apretado un tornillo?

Eusebio le sonrió y contestó:

-En realidad le hago un gran precio, ¡hay muchas partidas que son gratis! Mire, para que lo vea más claro, voy a desglosarle mi factura:

 

Transporte….. 0 €

Salida…………..0€

Instrucciones…0€

Observación y seguimiento …….0€

Equipamiento y repuestos………0€

Saber QUÉ tornillo apretar …… 350€

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