El Mantra del Ermitaño

CIMG1615-225x300Todos tenemos la capacidad de crear grandes cosas que en un principio parecían imposibles, sólo es necesario saber qué queremos crear y qué es lo que no nos deja avanzar.

El siguiente cuento tibetano “Om mani padme hum” nos dice que a pesar de disponer de las herramientas hay algo más importante: ¿desde donde las aplicas?Espero os guste el cuento y disfrutéis de la preciosa versión de este mantra.

Un abrazo y gracias por leernos. Om Shanti.

Olga Perona

http://www.reiki-barcelona.cat/

www.amth.org

Para los tibetanos este es el mantra de los mantras, la invocación más sagrada y poderosa. “Om mani padme hum” simboliza lo más puro entre lo puro y conecta con el vacío primordial. Y el caso es que una bondadosa joven que era lechera, todos los días sacaba algún rato para llevarle leche a un ermitaño y encargarse así de su manutención. El eremita había dado a la generosa joven el mantra “Om mani padme hum” y le había dicho: Mujer recitando este poderoso mantra puedes navegar salva a través del océano de la existencia. 

La mujer nunca había utilizado la recitación del mantra, pero cierto día llovió torrencialmente y, cuando se dispuso a llevar su ración diaria de leche al ermitaño, vio con sorpresa que el agua había formado un río. ¿Cómo pasarlo?. Entonces recordó que el hombre piadoso le había dicho: Recitando este poderoso mantra puedes navegar a través del océano de la existencia.

Y se dijo a sí misma: Pues si con este mantra puedo navegar a través del océano de la existencia, más podré pasar este río. La mujer comenzó a recitar: Om mani padme hum, Om mani padme hum,…, y lo hacía con gran motivación y fe. Tranquilamente cruzó el río caminando sobre sus aguas.

Cuando la joven lechera estuvo frente al ermitaño, éste, sabiendo en qué condiciones estaban los caminos por las torrenciales lluvias, preguntó perplejo:

– Pero, mujer, ¿cómo has podido llegar hasta aquí?.

Fue muy fácil ,hombre piadoso. Como con el mantra que me diste me aseguraste que podría navegar por el océano de la existencia, pensé que si me servía para un océano cómo no iba a servirme para un río. Recité el mantra y crucé el río tranquilamente.

El eremita nada más escuchar a la mujer se dijo: ¡Cómo mi energía ha podido cargar el mantra que al utilizarlo la mujer le ha permitido caminar sobre las aguas! Si ella ha podido hacer eso, ¿qué no podría hacer yo? Y el ermitaño se llenó de vanidad.

Unos días después, el eremita tenía que acercarse a la ciudad a por unas provisiones, pero como no había dejado de llover, tenía necesariamente que cruzar el río que se interponía en su camino. Pero el ermitaño se dijo desde su soberbía: Si el mantra “Om mani padme hum” que entregué a la mujer funcionó al ella recitarlo, mucho más ha de operar si lo recito yo y así, con toda facilidad, podré caminar sobre las aguas del río.

El eremita comenzó a murmurar: Om mani padme hum, om mani padme hum,Se aproximó al río, colocó un pie sobre su superfície.., y se hundió en las aguas hasta las cejas. Unos dicen que pereció en el intento y otros que, avergonzado ante sí mismo, emprendió un largo retiro en la cima de una montaña.

El sabio declara: El Ego es una carga tan pesada que te sumerge en las aguas de la ignorancia.

Cuentos espirituales del Tíbet, Ramiro A. Calle

 

 

 

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